Llevo varias noches que no pego ojo. Si no son las piernas, es la tripa y si no, ay, acidez, y si no, no puedo respirar, y si no, es que hace mucho calor... traigo mártir a elChico, que me echa una mano a la par que me pone de los nervios:
yo: aaaaaaaaggggg...
él: QUÉQUÉQUÉPASA
yo: nnnada, tranquil...
él: QUÉQUÉHAGODIMEALGOQUÉES
yo: ainsss... la acidez...
él: (respira) bueeeeno... ¿te traigo un vasito de leche?
yo: sí, porfa.
Me lo trae, que no sé cómo llega a la cocina, porque no abre los ojos, y se queda frito al instante (qué majo). Yo me quedo leyendo un rato, mientras me baja la leche y la quemazón ésta puñetera de la garganta. Ahora ando con un libro de Kapuscinsky, Viajes con Heródoto, que es una delicia. En él narra sus primeras experiencias como periodista, sus primeros viajes: India, China... es sorprendente, porque el amigo Ryszard se embarcaba sin saber apenas nada del país al que iba, y allí, pese a todo, lograba empaparse de lo esencial. Qué personaje. Miro la foto de la contraportada y me quedo prendadita de su media sonrisa, de sus ojos de abuelete divertido. Me lo imagino en medio de Calcuta, con su pinta de polaco transplantado, observándolo todo... Ayer, agobiada dentro de casa, me bajé al parque a leer a la sombra de un olivito. Corría aire y todo, y me descalcé, y fue una maravilla hasta que llegaron los trabajadores de la obra de enfrente. Uno de ellos, en particular, me silba dos, tres, siete veces. Me lo quedo mirando con la cabeza ladeada.
- ¡Morena, qué haces ahí!!! ¡Se te va a enfriar el culo!
Levanto el libro y me acaricio la barrigota. Él se ríe en voz alta hasta que un compañero le dice:
- ¿No ves que está preñá? Es que no tienes vergüenza, cagüendio...
Como empiezan a hacer un ruido infernal y yo ya hace rato que me hago pis, me levanto y me voy.
Llego a casa pensando en lo ricos que son éstos ratitos de estar bien, pensando en el pequeño de aquí adentro (lo de pequeño es un decir, ayer el socorrista de la piscina me preguntó si traía gemelos), en las ganas que ya tenemos ya de conocerlo... Cuando elChico le habla a la barriga, noto que se queda de repente muy quieto, como escuchando. He leído que es porque los fetos reconocen más y mejor los sonidos graves, así que oirá la voz de su padre con más claridad. Se tuvo que reír un rato, el miniChico, si nos estaba escuchando el sábado cuando mi amore se decidió por fin a bajar a ordenar el trastero. Al poco rato me llama para que supervise la montaña de porquería que se supone que va a ir a la basura. Y entre la montaña descubro, rayos y centellas, mis libros de BUP y COU de literatura, griego, historia y filosofía:
yo: - Ah, no. Ésto no se tira, de ninguna manera.
él: - Pero, cariño, ya he guardado TODOS tus apuntes de la Universidad, que entiendo que te supusieron un esfuerzo, pero los libros éstos...
yo: - (alteradilla) Los libros no se tiran. Me lo prohibe mi religión. - Pausa efectista- Ya quemó bastantes libros la Inquisición (toma ya).
él: - A ver, pero para qué los quieres.
yo: - (pensando con asombrosa rapidez) Pues... eh... si un día oposito y doy clases en un Instituto, los puedo necesitar, hombre.
él: - (perdiendo la paciencia) ¡¡¡¡Si son del año la tana!!!! ¡¡¡¡¡Tienen que estar obsoletos!!!!
Abro al azar una página del libro de Historia y compruebo que se refiere a Rusia como la "recientemente desmantelada Unión Soviética", y la denomina CEI, o sea, Confederación de Estados Independientes. Porras. Va a tener razón, están obsoletos. Pero yo no me rindo tan fácilmente, Flánagan. Huyo al ascensor con los libros bien agarrados, todo lo rápido que me permite mi barriga. ElChico me mira con los brazos en jarras, cubierto de polvo hasta la raíz del pelo:
- ¡¡¡¡¡Dónde vas, trae eso para acá, que van a ir al container!!!!!!
Yo escapo de sus garras por un pelo, y, desde la puerta del ascensor, grito, totalmente presa de una locura irracional:
- ¡¡¡¡ Pues los quiero más que a tí!!!!
Así que están en casa, los dichosos libros, bien escondiditos. Jijijijiiji... no los va a encontrar nunca... (Espero).
Saludos, torpes.
